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Cuento El Sello

junio 1, 2014

He decidido comenzar a publicar algunos cuentos realizados en un taller que me han gustado especialmente. Espero que también sean de tu agrado. Aquí va el primero

SELLO

Compruebo una vez más que todo esté en orden y cierro el pequeño maletín de cuero. Verifico que se pueda leer la palabra “Seals” que está grabada en un costado junto al “Smith” de mi apellido. Lo pongo junto al otro maletín, un poco más grande, que llevó siempre con los papeles del juzgado.
Mi padre decía que lo importante es dar un buen ejemplo. Repetía siempre que las palabras las lleva el viento, pero los ejemplos permanecen, especialmente con los hijos, ellos aprenden de lo que tú haces y no con lo que les dices. Lógicamente, como buen hijo no me importó lo que me dijera y en cuanto tuve edad suficiente decidí conocer y experimentar por mi cuenta.
Sin duda ese ha sido mi momento de mayor libertad. El único en el que me he sentido verdaderamente libre. No tenía ninguna responsabilidad, podía hacer de mi vida lo que quisiera no tenía que seguir ningún ejemplo, no tenía que hacerle caso a nadie.
El futuro no tenía espacio en mi mente, y el pasado no me condicionaba. Me ganaba bien la vida sin pensar en los demás y aprovechando la adrenalina de mi oficio. Vivía el día, el momento, el presente. Un presente experimental, superficial, abierto a lo que pudiera suceder. Solo importaba ese momento, pero era un momento sin sentido ya que carecía de recuerdos y experiencias para compararlo y no tenía la ilusión que brinda pensar en el futuro como para medirlo. Un presente cuyas experiencias pronto supieron a nada.
Toco el pequeño maletín y recupero recuerdos que hacía mucho tiempo había enterrado. Mi adorada Mary, ella fue la que hizo que me asentara y que viera la vida desde otro lado. Pasé a vivir de los papeles y las leyes. ¡Cuanto más difícil es defender la justicia con papeles!, pero era la única forma de tener una familia normal.
Al llegar los hijos, el sello de las palabras de mi padre comenzó a cobrar sentido. Él siempre estaba pensando en el porvenir, planificando con ilusión momentos mejores a la vez que sacaba lo mejor de sus experiencias. Su presente era la simbiosis perfecta entre pasado y futuro. Un presente mucho más gratificante que el que tuve yo cuando era libre.
Entonces no lo entendí, pero al ver crecer a mis hijos fui enseñándoles, mostrándoles lo importante que es ser responsable, lo importante que es vivir con respeto a los demás, lo importante que es mantener la paz y la armonía.
No ha sido fácil hacerlo viviendo en este lugar perdido de Alabama, inhóspito y violento, lleno de odios y prejuicios, pero me he esforzado mucho y me he ganado una reputación de moderación. Lo he hecho por los niños, especialmente desde que muriera su madre. Sólo me tienen a mí y no puedo fallarles.
Cogí ambos maletines y me fui casa. Al llegar pude ver lo rostros de los niños asustados. Tenían miedo por mí y gritaron que me fuera, que era peligroso: Les dije que no se preocuparan que estarían bien. Luego de mostrármelos, el secuestrador los volvió a encerrar en la casa. Era hora de negociar con el psicópata que quería que modificara su sentencia. Le mostré los maletines y le dije que allí tenía lo que me había pedido. Entré a la casa, pude ver que los niños estaban atados entre sí y tirados en el suelo de la cocina, pero ellos no podían verme.
Apoye mis maletines sobre una mesa. El delincuente me pidió que le dejase ver lo que traía. Saqué los papeles de mi maletín de juez y se los pasé. Era el proyecto de una sentencia absolutoria y un salvoconducto para que pudiera pasar la frontera. Sonrió, se creía victorioso. Me pidió que lo firmase y sellase. Le dije que mis sellos, que tanto había defendido en el pasado, estaban en el pequeño maletín con la palabra “Seals” grabada en dorado. Lo abrí con una tranquilidad sorprendente, tenía todo lo que necesitaba, saqué la pistola y, antes de que se diera cuenta, el secuestrador ya estaba herido de muerte.
Mi sello seguía funcionando después de tantos años. No era el ejemplo que hubiese querido dar, pero a veces un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer. Liberé rápidamente a los niños. El mayor no entendía cómo su pacífico padre había acabado tan fácilmente con el delincuente. Vi como se acercaba al pequeño maletín y la cara de asombro que puso cuando vio que delante de la palabra “Seals” se había ocultado la palabra “Navy”

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