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Los relatos en la formación

abril 6, 2021

«Fui criado para creer que el universo tiene un plan. Somos solo humanos y no nos corresponde entenderlo»

(Brought up to Believe, Neil Peart/Rush).

Cuando nacemos somos como páginas en blanco. Aunque tenemos mucha información que ya viene en nuestros genes, no traemos relatos incorporados. Es nuestra familia y nuestro entorno, los que nos crían y llenan de historias acerca de quiénes somos, de dónde venimos y hacia donde supuestamente vamos. Estamos llenos de relatos, de etiquetas que nos han impuesto. La mayoría son relatos y etiquetas que nos permiten funcionar con normalidad dentro de una comunidad, cuya cultura, como se dijo, también depende de un conjunto de relatos.

Cuando somos adultos cuestionaremos o no esos relatos con los que nos han formado, pero son muy difíciles de cambiar porque justamente hacen a nuestra propia identidad, a como nos vemos a nosotros mismos.

En las tribus todos estaban imbuidos de los mismos relatos con una historia consensuada que se convertía en verdad absoluta, al menos hasta que alguien opusiera un relato distinto, lo que generaría un conflicto interno. Cuando dos tribus con relatos distintos se encuentran, es probable que surjan conflictos porque el otro no ve la realidad como la ve uno. Mientras más contacto tiene alguien con otras realidades, más abierto se muestra a aceptar relatos distintos.Un ejemplo histórico:

Cuando los cruzados llegaron en el siglo XI a Tierra Santa, se encontraron con una civilización abierta en donde los distintos relatos (judíos, musulmanes, cristianos y otros) convivían en relativa armonía. Estos cruzados que venían de la oscura Edad Media europea solo conocían un relato, una verdad y eran fanáticos sobre ella, sin dejar cabida a otros relatos. Novecientos años después, parece que la cosa se ha invertido. Los occidentales aceptan distintos relatos con los que viven en relativa armonía, mientras que algunas tribus musulmanas que no han llegado a la modernidad solo aceptan como verdadero su propio relato.

El problema no está en la calidad intrínseca de cada relato, (si se es cristiano o musulmán), sino en el pensamiento dicotómico. En pensar que si mi relato es verdad, los otros tienen que ser falsos. Si los míos son buenos, los otros son malos; si no eres amigo, eres enemigo. Ahí es cuando los relatos se vuelven relatos peligrosos.

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